martes, 10 de marzo de 2026

La invisibilidad del ciclista


La Dirección General de Tráfico ha detectado un aumento de la siniestralidad ciclista, especialmente en las ciudades. Por ello inicia una campaña para que los ciclistas lleven luces y reflectantes. Argumentan que el motivo de la campaña es reducir el número de accidentes en los que se ven implicadas las bicicletas.

Tengo que decir que me parece bien que se avise a los ciclistas de que tienen que utilizar en horario nocturno luces y algún elemento reflectante (preferiblemente en la bicicleta). Un ciclista sin luces por la noche es muy poco visible.

Pero me surgen una serie de preguntas:

¿Es que en los accidentes de ciclistas se ha detectado que la mayor parte ocurre por no llevar luces y por eso se inicia esta campaña poniendo en los ciclistas toda la responsabilidad de lo que les ocurre? No se dice nada al respecto en la campaña, seguramente porque no se puede decir, porque la ausencia de luces y reflectantes no es la principal causa de los accidentes en los que se ven involucrados ciclistas.

¿No es cierto que la mayor parte de estos accidentes ocurren de día, con buena visibilidad y hay un vehículo a motor implicado que generalmente incumple alguna norma (exceso de velocidad, no respetar la prioridad de paso, adelantamiento indebido...) y que en una buena campaña para reducir el número de accidentes de ciclistas deberían estar implicados estos conductores motorizados? Parece que si, pero una vez más no hay la suficiente valentía para decirle a esos conductores que las bicicletas son vehículos a los que hay que respetar.

Me parecería igual de importante para mejorar la seguridad de los ciclistas que se hiciera una campaña para comprobar que los vehículos a motor dejan la distancia lateral reglamentaria al adelantar a un ciclista, cosa que no se cumple y que nos pone, cuando vamos en bicicleta, en un muy serio peligro, no sólo de noche, sino también de día.

Mejorar la seguridad de los ciclistas está también en mano de los conductores de vehículos a motor, no sólo de los ciclistas.

Información indebida

Por otro lado, pienso que no se está informando bien a los medios de comunicación y así se oye y ve en algunas radios y televisiones que los ciclistas deben llevar chalecos reflectantes. También se está diciendo que estas obligaciones son nuevas, cuando están desde la Ley de 2003 y el Reglamento General de Circulación de 2004. Ahora lo que se ha aprobado es una ley que regula el procedimiento sancionador, pero la norma es la misma de hace siete años.

¿Entonces cuáles son exactamente esas normas por las que nos pueden multar?

Luces

Son obligatorias para las bicicletas (una delantera blanca y una trasera roja) de noche y también de día si se dan circunstancias de baja visibilidad (niebla, túneles).

Reflectantes

Es obligatorio un catadrióptico rojo trasero en la bicicleta. Aunque esto no lo sabe prácticamente nadie. Por lo tanto, es posible que esto ni lo pidan, cuando resulta ser más eficaz que, por ejemplo, un chaleco puesto en el cuerpo del ciclista.

Por otro lado, el ciclista tiene que llevar una prenda reflectante cuando sea necesario el alumbrado y se circule por vía interurbana. Es decir, no es obligatorio el uso de prenda reflectante para el ciclista dentro de las ciudades y pueblos.

¿Qué nos apostamos a que nos van a llamar la atención o poner multas por no llevar reflectante en zona urbana, pese a no ser punible?

¿Qué nos apostamos a que nos van a poner multas por no llevar un chaleco reflectante (que es lo que algunos medios de comunicación están diciendo que es obligatorio), aunque llevemos una “prenda reflectante”, que puede ser una tobillera reflectante o una banda reflectante o un chubasquero reflectante?

En cuanto a los reflectantes, recomiendo mirar el artículo que publiqué al respecto un par de años atrás.

De la invisibilidad

Es cierto que el ciclista es invisible, pero no sólo porque lleve o deje de llevar luces o reflectantes. Somos invisibles también de día, porque mientras las administraciones responsables se sigan empeñando en no hacer partícipes a los conductores de vehículos a motor en la seguridad de los ciclistas, para ellos seguiremos siendo el estorbo que les impide correr a grandes velocidades. Seguirán pensando que la culpa de todo lo que nos pasa es nuestra aunque las estadísticas digan lo contrario. Seguirán pensando que no tenemos derecho a circular sobre la calzada. Seguirán (sólo algunos, pero son demasiados) pisándonos, pitándonos e insultándonos.

Y mientras tanto, nosotros, seguiremos en lo que nos han enseñado, en nuestro papel de culpables de lo que nos ocurre, más preocupados de la seguridad pasiva que de la seguridad activa, que está llevando a que los accidentes de bicicleta no sólo no estén bajando, sino que incluso estén empeorando levemente, mientras los de automovilistas han descendido alrededor del 50% . ¿Por qué nosotros no?

Cambio en la Ley de Seguridad Vial

Este último fin de semana se ha celebrado el “VIII Congreso Ibérico La bicicleta y la ciudad”. Una de las conclusiones de este Congreso es que la normativa estatal ciclista está obsoleta desde su raíz, desde la ley, y que debe ser urgente e integralmente reformada para ponerse al día con la realidad ciclista que está ocurriendo en nuestras calles y carreteras. Eso sí que mejoraría sustancialmente la seguridad de los ciclistas. Ya nos toca.

ACTUALIZACIÓN 2026: En la publicación de mi álbum de música "Querida bicicleta", he incluido una canción que está basada en esta entrada de mi blog. La podéis escuchar en: 
https://open.spotify.com/intl-es/track/1k0SQd2WQXjT8g5dFICm7h?si=5d99864aa90840ff

El dulce pedaleo sobre la alfombra blanca



Estos días atrás cayó una tremenda nevada por la zona en la que vivo, cuya nieve aún persiste en gran medida debido al frío reinante. Es muy difícil explicar las bonitas sensaciones que se tiene al pedalear sobre la nieve. Quizás tenga algo que ver con lo entrañable de las sensaciones nuevas, doblemente significado cuando el lugar por el que pasas es un lugar habitual, pero que con la nieve parece un lugar completamente nuevo, rompiendo la monotonía. Quizás también tenga algo que ver ese sonido que hacen las cubiertas sobre la nieve, tan único y sobrecogedor.

No me quiero extender, simplemente dejaros un relato que escribí hace casi cuatro años en el que sentí cosas muy parecidas a las del pasado viernes yendo a la estación de tren en bicicleta sobre la nieve recién caída. Las fotos de esta entrada fueron hechas este último viernes. donde dejé esta vez la bici en el aparcabicis que tenemos desde hace unos tres años y otra foto unas horas más tarde en Madrid de un ciclista circulando entre la nieve frente al Palacio Real de Madrid. El relato fue escrito el día 23 de febrero de 2005.

EL DULCE PEDALEO SOBRE LA ALFOMBRA BLANCA

Como cada día, salí esta mañana enroscado en mi bufanda y calzándome los guantes dispuesto a coger mi bicicleta para ir a la estación de tren de Azuqueca. Es un viaje de ocho minutos (2,5 kms.), de noche, pero despejadísimo de tráfico, por calles tranquilas y llanas, exceptuando una sola bajada. Suelo salir con tiempo suficiente, para tomármelo sin prisas, pedaleando suavemente cuando los músculos están aún desesperezándose.

Cuando abrí la puerta, justo en ese momento, un copo de nieve que se soltó del tejado cayó frente a mí, y tras él, la visión de la parte delantera de mi jardín, totalmente inundada por la nieve. No había visto tanta nieve junta desde aquella excursión de Pedalibre por el Puerto de la Quesera, cerca de Majaelrayo.

Me entró una mezcla de alegría por tanta belleza y desasosiego por el miedo a llegar tarde a coger el tren (salen cada quince minutos, y si pierdo el de las 6,55, llego tarde al trabajo). Lo primero que pensé fue en ponerme la capa de lluvia, pues estaba nevando todavía, suave, pero nevando. Pero me dije que no, que la capa me quita algo de visibilidad y yo quería verlo todo, todo tan diferente, como si fuera un camino nuevo, intuyendo por donde debo ir al haber desaparecido la visión de la carretera, el arcén y los caminos, siendo todo uno. Cogí mi bicicleta, que estaba debajo del techado, y la llevé a la calle. Allí se me llenó el pecho de una tremenda ilusión. La calle estaba totalmente cubierta de algo más de cinco centímetros de nieve, y la única huella que había era la de mi vecino que también va en bici y que sale quince minutos antes que yo, pero incluso esa se estaba borrando, debido a la nieve que caía encima.

Estaba deseando lanzarme a pisar la nieve con las ruedas de mi bicicleta, así que la lancé hacia adelante y comencé a pedalear.

Oía el ahogado sonido del contacto de la rueda con la nieve, como los pequeños crujidos de un cristal al aplastarlo en el suelo con el zapato y, al mismo tiempo, un trasfondo que se asemeja a un susurro. Comencé a hacer eses por el camino.

Miré para atrás: la huella de la bicicleta había dejado una bonita estela que zigzagueaba de un lado a otro de la calle. Me imaginaba las personas que pasaran al cabo de un rato por ahí y vieran esas huellas... se iban a preguntar muchas cosas ;-)

Por la vereda de Vallehermoso me puse a gritar de alegría, seguro de que no me oiría nadie.

Más adelante, una muchacha iba andando en la misma dirección que yo, oyó el sonido de mi bicicleta y se apartó. Me miró un poco sorprendida. Mientras me sonreía, me saludó con la mano, sintiendo que algo nos unía, que éramos dos afortunados compartiendo el mismo momento mágico. Yo le dediqué la más grande de mis sonrisas.

La nieve seguía cayendo, y el cristal de las gafas se me iba llenando de nieve que me impedía ver, por lo que tenía que hacer con un dedo el gesto de un limpiaparabrisas.

En la cuesta abajo de la calle de la Noguera tocaba ir muy despacio, porque la nieve y los frenazos no son muy buenos amigos.

Al llegar a la estación decidí que no iba a aparcar la bicicleta en el mismo sitio de siempre, fuera, en una farola, sino dentro, en la barandilla de unas escaleras en el mismo andén, a cubierto. Según estaba nevando, tenía la sensación de que, si la dejaba fuera, por la tarde quizás no la encontraría, cubierta por la nieve como podría estar.

Pasé el vestíbulo, hacia el andén. La gente estaba allí esperando al tren, huyendo del frío y de la nieve. Todo el mundo se me quedaba mirando muy sorprendidos, algunos algo divertidos, casi todos sonreían. Yo me imaginaba que era por la supuesta locura de ir en bici con esta nieve. La gente se apartaba y me hacían un pasillo. Al llegar a la puerta, y antes de abrirla para salir fuera, me vi reflejado: Era todo un número, parecía el hombre de las nieves (¿acaso no lo era, estrictamente dicho?). La ropa, los guantes, el pelo, la bufanda, parte de las gafas, todo blanco. Hasta el manillar de la bici, en las partes que no había fijado mis manos, estaban cubiertas por una ligera capa de nieve. Miré hacia atrás, hacia la gente. Todos me miraban y sonreían.

Seguro que alguno se apunta a coger la bici en la próxima nevada, aunque sólo sea para recibir tantas sonrisas juntas.

ACTUALIZACIÓN 2026: En la publicación de mi álbum de música "Querida bicicleta", he incluido una canción que está basada en esta entrada de mi blog. La podéis escuchar en:
https://open.spotify.com/intl-es/track/0Xhx3sHLK9Vi6bBWcisGBO?si=4aca91ec521543b5

Las bicis al tren



Ha dado comienzo la campaña de ConBici ¡Bicis al Tren! Esta campaña pretende concienciar a la sociedad sobre la tremenda importancia de la combinación de dos medios de transporte tan sostenibles como la bicicleta y el ferrocarril, que con una adecuada política de accesibilidad podría ser en este país una auténtica alternativa al uso abusivo del automóvil particular contaminante.
En la acción realizada en Chamartín el día 26 de octubre de 2008 se ha puesto de manifiesto que los ciclistas le dan a esta combinación multimodal una importancia crucial para desplazamientos medios y largos.
Los ciclistas son unos aliados del ferrocarril, no unos enemigos de este importante medio de transporte, pero es importante que las compañías ferroviarias se den cuenta de que el uso de la bicicleta está creciendo de manera importante en nuestro entorno y hay que adecuarse a los tiempos.

ACTUALIZACIÓN 2026: En la publicación de mi álbum de música "Querida bicicleta", he incluido una canción que está basada en esta entrada de mi blog. La podéis escuchar en: 
https://open.spotify.com/intl-es/track/4QPHrghYz94TlmSbec0t02?si=b96de51f12b54ebe