domingo, 16 de diciembre de 2007

¿Qué es un “vehículo privado”?

En los últimos tiempos se viene leyendo en la prensa, se viene escuchando en la radio, en las jornadas en las que participo, y cada vez más en la sociedad en general, como se denomina “vehículo privado” a la hora de referirse al coche particular. Hay miles de ejemplos, uno puede ser éste, pero hay muchos más. Considero un error de bulto esa denominación, pero lo que más me sorprende es que sean justamente los medios de comunicación, que deberían ser los adalides de la corrección semántica, quienes den mayor pie a ello.
Vehículo es, según el Reglamento General de Circulación, un “aparato apto para circular por las vías o terrenos”, por lo tanto Vehículos Privados son, además de los coches: las motos, los caballos, las bicicletas, los camiones y un largo etcétera de otros vehículos.
Mi bicicleta, según el Reglamento General de Circulación, es un vehículo y toda aquella que no sea de uso público (como lo puedan ser las bicicletas públicas) son privadas. Por lo tanto, mi bicicleta es también un vehículo privado.
Wikipedia define vehículo de una manera más comprensible aquí. Para resumirlo: “Es un aparato de cualquier tipo, forma o época que se utiliza para transportar cargas o personas, con o sin motor, incluidos los transportes de animales.”
Por todo ello cuando, por ejemplo, se habla de que en las ciudades hay que reducir el uso del vehículo privado debido a la contaminación y otros problemas que produce, eso implica que sólo los vehículos públicos no crean esos problemas, es decir, los taxis (vehículo público), los autobuses (vehículo público), etc. no crean esos problemas, pero un vehículo privado como la bicicleta, sí estaría creando esos problemas de contaminación. Menudo lío por no llamar a las cosas por su nombre.
Vehículo privado como estatus
Vengo insistiendo en que no se llame al coche como vehículo privado, pues se le está atribuyendo un estatus "vehículo” y “privado" que no son exclusivos de ese medio de transporte.
Privados lo son otros muchos vehículos además de los coches particulares. Ya he mencionado algunos antes. Lo privado es precisamente considerado como algo positivo, como algo propio, como algo que está al alcance de unos pocos, de los elegidos. Anteponiéndolo a lo público, que se quiere ver como algo denostado, que es lo que está al alcance de todos, de la plebe, de la mayoría.
Un estudio semiológico más profundo nos llevaría aún más allá, nos llevaría a determinar que ese término de vehículo privado es cuando menos una promesa de libertad, de progreso, de personalidad, de ascenso social. Esto puede que sea de interés para las compañías creadoras de vehículos contaminantes o vendedoras de combustibles fósiles finitos. Pero no es muy comprensible que les sigan el juego los medios de comunicación e incluso, como he tenido ocasión de ver, afamados urbanistas, gestores de movilidad y otras personas que claramente deberían cuidar detalles semánticos como éste.
Entonces cómo llamar al coche y otros vehículos
Al coche se le puede llamar coche sin más. Lo suyo es llamar siempre a las cosas por su nombre.
También es válido llamarle turismo, aunque para mí ese término está fuera de lugar hoy en día por razones obvias: el coche se usa de forma desgraciadamente habitual para cosas que nada tienen que ver con el turismo.
Si se quiere uno referir al coche, pero se quiere enfatizar su privacidad, para contraponerlo a los usos públicos del transporte colectivo, se le puede llamar coche particular. Seguramente sea la denominación más adecuada en este caso, pues sigue teniendo muchas de las cualidades positivas a las que casi nadie quiere renunciar, pero no le roba a otros vehículos la posibilidad de ser también privados o particulares.
Si nos estamos refiriendo a coches y motos, entonces se les puede llamar vehículos particulares motorizados o, por qué no, vehículos particulares contaminantes. A mí esta última es la que más me convence y la que, desde mi punto de vista, le hace más honor a su condición actual de creadores de emisiones ingratas. Esos vehículos contaminan, hay un debate abierto sobre la calidad del aire y hay que señalarles con el dedo de esa manera, como parte de la culpa de esa mala calidad del aire que tenemos en las ciudades.

6 comentarios:

Hiawatha dijo...

...fue un placer conocerte en Barna y tener la oportunidad de intercambiar impresiones...

...estoy en total acuerdo con todo lo que se recoge en el artículo salvo por una apreciación: yo no considero al taxi un vehículo público. Es cierto que es un servicio que tiene que existir, pero no es menos cierto que por sus precios no es accesible a toda la población. Por otro lado, me gustaría conocer el volumen total de contaminación que les supone recorrer la ciudad buscando clientes.

Bueno Juan, enhorabuena por el Blog y a plantar fuerte!!!

Diego (Pedalea)

Gerardo Pedrós dijo...

Pues muy bien la distinción entre vehículo privado y coche.
Ahora solo falta completar con vehículo oficial.
Que puede ser coche oficial, bicicleta oficial, furgoneta oficial, etc
Al hilo de ésto surge un tema:
¿Por qué se reservan espacios de dominio público en las administraciones para aparcar vehículos motorizados privados como motos y coches?
Entendemos que en estos sitios se podrían aparcar los vehículos oficiales de la Administración pero no los vehículos privados de los que trabajan en la Administración.
Proponemos el nombre de "Aparcamientos privilegiados pagados con dinero público."

jasualo dijo...

Tan sólo un apunte Juan;

El coche particular es de uso privado, al igual que la bicicleta. Ya puestos a indagar sobre el buen uso de estos términos, he de apuntar otro detalle; se recurre a la propiedad para establecer esta diferencia, pero no se tienen en cuenta las consecuencias de ese uso privado que son públicas porque a todos nos afecta el mismo aire, el mismo espacio urbano y el mismo ruido.

Así pues, a mi modo de ver, el coche privado no es tan privado, o no debería asumirse una privacidad tan parcial en cuanto a beneficiario, sino también en cuanto a perjudicados.

Así, la bicicleta sí es realmente un vehículo privado (o más privado) con todas sus consecuencias de uso o propiedad. Apenas perjudica a otros ciudadanos.

Hala, a pedalear!

Un saludo.

jasualo dijo...

Lo de "vehículos privados contaminantes", puede ser una buena definición, pues ya se apostilla con el término "contaminante" un poco más de información, pero no me termina de convencer... ummm!

Vamos a dejarlo en "vehículo particular contaminante" mejor. "Privado" conlleva un espectro semántico más amplio relacionado con "propiedad" que debe acojerse a la regla de oro: mi propiedad termina donde empieza la de aquel otro. Si su propiedad afecta a un uso público, deja de ser privada.

En cambio, "particular" es más directo si se quiere hacer referencia exclusiva al beneficiario.

Ahí queda el apunte.

Juan Merallo dijo...

Gracias a todos por los comentarios.
Lo del taxi me ha hecho que pensar. No me había parado a considerar que su precio no es tan accesible como para ser realmente muy público, aunque en realidad lo mismo podríamos decir de los aviones. Eso no quita que los taxis no sean una de mis prioridades, desde luego.

Estoy de acuerdo con lo que dice Gerardo, esos aparcamientos "oficiales" están siendo utilizados de un modo privado. En mi propio trabajo ocurre.

También muy interesante lo que dice Jasualo: el uso de los coches particulares puede ser privado, pero el daño que hacen al ambiente es público, nos tragamos toda la contaminación que generan en su uso privado. Por lo tanto es más correcto decir vehículo particular contaminante. La palabra privado no es adecuada en este caso. Si señor, un diez.

Juan Merallo dijo...

Hace unos días alguien me apuntaba como en una antigua ordenanza de hace unos 40 años había una catalogación distintiva entre “vehículos de tracción mecánica o a motor” y “vehículos de tracción de sangre”. Estos últimos serían los coches de caballos, carretas de transporte, mercancías de tracción animal. Hoy en día, debido a la "sangría" en forma de accidentes que suponen en las calles y carreteras los "vehículos particulares motorizados y contaminantes" deberían llamarse vehículos de sangre precisamente a estos últimos. Y no sólo por la sangre que ocasiona la violencia vial en las calles y carreteras, sino por la sangre que genera el petróleo que necesitan, como es el caso de las guerras para el control de esa materia en el mundo.