No habréis dejado de observar que después de llevar cierto tiempo usando la bicicleta en la ciudad se cae en la cuenta de que es un artilugio mágico. Pero no por lo poco que tardas en llegar a donde te propongas. No por lo poco que gastas. No porque no contamina. No porque lo aparcas con facilidad. Nada de eso, sino porque cuando te montas en tu bicicleta... ¡te vuelves invisible!
¡Cómo! ¿Pero no habíais caído en la cuenta? Pues claro que te vuelves invisible. Tú y tu bicicleta pasáis a ser invisibles. Por eso los automovilistas te pasan tan cerca; te cierran al torcer a la derecha; se incorporan a la vía en la que tú vas, ignorando tu presencia, haciéndote frenar. Y ellos que saben, pobres, si no te ven. No te pueden ver, estoy seguro. Es la única explicación que se me ocurre ante tanto despropósito.
Y no sólo no te ven los automovilistas. Toda persona que pise la calzada tampoco te ve. Las personas que van por la acera sí. Esos parece que sí, porque te señalan con el dedo y hay risitas y les haces pasar un rato de lo más agradable, todo hay que decirlo, por lo que a todos los valores positivos de la bicicleta hay que sumar el de la función social de hacer pasar un buen rato a la gente, dar tema de conversación a los amantes aburridos, despertar la sonrisa en los niños y la compasión en las abuelas.
Y decía que quien pisa la calzada no te ve por lo que me ocurre todas las mañanas: Llego al mismo semáforo y espero a que se abra junto a un buen número de coches. Ese vagabundo de andares de pato y mirada risueña se acerca cada mañana a todos los automovilistas y muy amablemente les pide a todos y cada uno de los conductores una limosnilla a cambio de su simpatía. Y yo veo, desde la altura de mi bicicleta, que le da resultado, se saca su dinero. Pero cuando llega a mi altura me ignora totalmente y sigue pidiendo al resto de automovilistas.
La primera vez me ofendí muchísimo, porque pensaba que lo hacía por la equívoca condición de pobres que tenemos los ciclistas: "Si vas en bici por la ciudad es que no tienes dinero para comprar un coche" es la creencia más extendida. Pero sobre todo me ofendí porque, tras ignorarme, se acercó a un coche viejo y oxidado, cuyo conductor no tenía mejor aspecto que el vagabundo. ¿Y por qué no me pedía a mí? Todos los días me ponía en su camino a propósito, esperando que me dirigiera su mirada picarona y me preguntara eso de: "¿Tiene usted algo para darme?" Hasta tenía unas monedillas preparadas para que viera que los ciclistas además de no ser pobres, somos solidarios. Pero me ignoraba, una y otra vez me ignoraba. Pese a que cuando se acercaba a mi altura yo empezaba a restregarme el bolsillo como signo inequívoco de dar limosna, me ignoraba el muy desgraciado.
Yo no entendía nada por aquel entonces, pero ahora sí. Lo que sencillamente ocurre es que no me ve, el pobre no me ve porque voy montado en mi bicicleta, perdidito de invisibilidad, ignorante de las catástrofes que puedo ocasionar por no ir en coche, como todo hijo de vecino, como todo buen ciudadano.

17 comentarios:
Pobrecillos automovilistas se pierden el placer de ver las caravanas por la ciudad, mientras el ciclista les pasa con un aparato llamado bicicleta que cuesta 100euros si llega y adelantando a Audis, Mercedes,etc...y que tendrán que trabajar mas horas extras para poder pagar los vehículos tan imprescindibles para ellos, y que no podrían pasar ni un día sin ellos.
Sólo nos verán cuando estemos caido/s en la calzada. Entonces, quizá podremos escuchar "no le vi aparecer, salió de repente".
¿Qué mágico conjuro habrá tornado nuestra invisibilidad en esta triste representación visible?
Me voy a rotular un chaleco de esos reflectantes que ponga: VOY EN BICI Y NO SOY POBRE.
Genial, Juanito, como siempre :)
Mariano.
Muy buen blog, lo estamos mirando con alumnos de un colegio en Argentina y a los chicos les encantó. Cuak
Gracias a todos por los comentarios.
Imagino que poco a poco nos iremos haciendo más y más visibles. Cuando seamos muchos el conjuro será vencido y ya no habrá excusas como la que dice Pilar.
Me alegro que desde Argentina le saquen partido a este blog. Eso no hace sino animar a seguir con ello.
Pues en el carril bici hubano ocurre lo mismo, te encuentras viandantes, deportistas, pasea perros etc y como no te apartes lo llevas claro: porque sencillamente te ignoran por completo, pero lo que está claro es que el carril bici es para cualquiera menos para los ciclistas o eso o lo que tu dices: SOMOS INVISIBLES
Un saludo desde Think Bike Rivas
Sí, Tripode, somos invisibles en más sitios, principalmente, pienso yo, porque aún somos pocos y no se espera que estemos donde estamos. Cuando seamos muchos, entonces seremos más visibles.
Curiosamente en los países donde más se usa la bicicleta les ocurren menos accidentes a los ciclistas.
Buenas razones decis. Que no nos ven. Pero tendrán que vernos, porque Madrid, aunque no quieran su alcalde, y concejales. YA esta siendo muy ciclado. A pesar de que la han convertido en una ciudad algo hostil a la Bici. En Madrid cada día pedaleamos miles, y vamos en aumento.
Viva tu Bici !
Ya decía yo que algo de eso tenía que haber! Aunque aquí en algunos puntos de la Florida, ciertas personas te confunden con extraterrestres. Otros te saludan desde el coche, a gritos! Porque piensan que tu también tienes la ventanilla subida y no les oyes. Hace unos meses, un conductor pensó que me estaba quedando dormido y me tiró un petardo que explotó casi en mi cara! Además...
Tienes mucha razón.Me parece muy interesante tu blog visita el mio: http://detodounpocom8.blogspot.com/
Empieza año - en Barcelona - los separadores de goma entre carretera y carril bici!!
Saludos desde Argentina! Aca sucede exactamente lo mismo, y con los rollers tambien, somos invisibles.
es magia, es poder!!!
te entiendo -_-
Si la visibilidad viene con algún tipo de impuesto sacado de la nada, más vale seguir siendo invisibles...
Impuesto de visibilidad. Sería la repanocha que cosas como la visibilidad tuvieran que sufragarse, aunque sea indirectamente como apuntas, por medio de una tasa. No creo que tengan la desfachatez de llegar a promover tal cosa, al menos no en esos términos. Espero.
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