miércoles, 14 de septiembre de 2011

Distanciador espantacoches


Hoy voy a mostrar un dispositivo que llevo utilizando desde hace tres meses en la bicicleta de carretera. Se trata de un distanciador, un simple pero ingenioso aparato en forma de brazo regulable que indica al resto de vehículos que nos van a adelantar cual es la distancia de seguridad que, como mínimo, deseamos que nos mantengan.

Distanciador con el
brazo semi-recogido
La instalación es bastante sencilla, con bridas reutilizables de muy buena resistencia. Si bien el brazo se puede dejar hasta 1,5 metros de largo (más bien de ancho, que es lo que ocupa en la vía pública, el ancho), yo sólo lo dejo entre 50 y 70 centímetros, pues lo percibo como suficiente para enviar el mensaje de que no quiero que se me acerquen demasiado, permitiendo, por otro lado, que cuando otro ciclista me adelanta no tenga que desplazarse lateralmente en exceso. En cualquier caso, hay ciertas vías de mucha intensidad y pequeño arcén que sí que he desplegado la varilla algo más, acción que es sumamente fácil de hacer con una mano durante la marcha sin perder estabilidad alguna.

Distanciador en carretera
con la varilla extendida
He notado sobremanera como los automovilistas aumentan la distancia al adelantar. Incluso como reducen la velocidad. Si bien no hay que bajar la guardia y hay que continuar con las correspondientes medidas de seguridad activas, que son las que de verdad evitan los accidentes, el distanciador me ofrece un grado de comodidad y seguridad que antes no tenía.

Dispone de varios elementos reflectantes, lo que ayuda en una conducción nocturna.

Debido a la flexibilidad de la fibra de vidrio que tiene la varilla desplegable, no hay problema de enganche ni de producir daño alguno a nadie en su utilización.

Molinillo batiente que
se encuentra en el borde
No he tenido problema alguno con las autoridades del tráfico, que lo han mirado con simpatía, entendiendo su utilidad e inocuidad, e incluso uno de ellos me preguntó por él, porque le parecía una manera ingeniosa de conseguir que el resto de vehículos te mantengan la dichosa distancia lateral de seguridad.

En cuanto al posible enfado de automovilistas por verse obligados a desplazarse más de lo que están acostumbrados, sólo he recibido tres pitadas durante más de 3.000 kilómetros, a las que he respondido saludando y deseando los buenos días (¿para que enfadarse?), pues ni siquiera sé si aquellos tímidos pitidos eran de enfado o de simpatía ante el artefacto. 

Si bien el uso que yo le he dado es meramente para carretera, a continuación incluyo las apreciaciones (algunas coincidentes) de mi amigo Reinhard, de Pedalibre, después de un profuso uso urbano del mismo dispositivo:

Aunque uno pueda tender a considerarlo más bien un artilugio para el uso en carretera, el distanciador de seguridad de Diego Benítez se revela como un dispositivo práctico y seguro en el uso urbano.
Son varias las razones en las que apoyo tal afirmación:
  1. Seguridad. Dada la frecuencia de adelantamientos sin respetar la distancia de seguridad en la circulación urbana, sobre todo debida al tráfico de varios carriles, es interesante dotarse de un “arma de distanciamiento”. Cuán frecuente es la situación en la que, habiendo dos carriles en un sentido y estando uno ocupado por un automóvil y el otro por el ciclista, un automovilista pretende adelantar al último colándose entre los dos. A eso se añade la falta de consideración casi diaria a esa distancia de seguridad que se puede observar en las vías mal llamadas “rápidas”, es decir los bulevares.
  2. Aspecto práctico. El distanciador no es nada engorroso ni supone una merma de la agilidad para moverse en el tráfico de la jungla urbana. Eso se debe precisamente al hecho de que la extensión de la varilla se puede regular en marcha, es decir sentado en la bici y con una mano cogiendo la varilla que corre paralela a la barra superior del cuadro, más o menos donde algunos tienen las manetas de los cambios. De esta manera, al prever una situación que requiere una extensión menor, se recoge con un pequeño tirón que no distrae para nada de la conducción, y al revés.
  3. Aspecto visual. La atención que atrae el dispositivo, además de ser un elemento añadido de seguridad pasiva, constituye una señal para viandantes, conductores y otros participantes en la circulación de que estamos ahí para quedarnos, de que exigimos respeto y seguridad y el cumplimiento de las normas. Además, el aspecto algo “juguetón” del molinillo en el extremo añade una nota simpática que actúa de embajador de la bici urbana, al menos así lo he percibido en miradas y comentarios de transeúntes.

4 comentarios:

Dialogotomía dijo...

Me parece excelente. Ante la pasividad de algunos conductores a la hora de cumplir la norma, este "artilugio" debe ser de lo más eficaz.
A ver si te pones e inventas algo para espantar a los peatones de los carriles bici, que parece que no hay otro sitio para pasear...

Agradezco tu aportación al tema de la bici.

Un saludo.

Juan Merallo dijo...

Gracias dialogotomía.
El inventor es Diego Benitez, pero no creo que haya invento para lo que comentas, sino soluciones técnicas asociadas al diseño, la ubicación e incluso la idoneidad/viabilidad de algunas vías ciclistas.

Jorge dijo...

¡Muy bueno!

Yo me hice algo parecido una vez: del lado izquierdo del manillar recorté la maneta, y en el tubo metí la parte gruesa de una hinchadora de mano telescópica estropeada.

Así tenía un brazo extensible que al plegarlo quedaba completamente alojado en el tubo del manillar, y al desplegarlo alcanzaba un (relativamente escaso) medio metro desde el final del manillar. En la punta le coloqué una pequeña luz LED roja que se podía desmontar para guardarla.

Y pese a ser tan corto, funcionaba de maravilla, los coches dejaban mucho más margen o directamente cambiaban de carril.

Lástima que se me rompiera en un accidente y ya no me tomé el tiempo de volver a hacerlo.

M MADRIZ dijo...

Totalmente de acuerdo con este informe. He probado el distanciador y puedo recomendarlo por todos estos motivos. Desde que lo llevo, nadie me ha vuelto a adelantar peligrosamente. Añadiría que deja a los automovilistas "hipnotizados" y convencidos de la conveniencia de respetarte. Un poco cantoso, pero funciona. Seguiré usándolo.